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✦ Tradición del noviciado carmelita
Adopta un Santo Patrono del Año
Recibí un santo específico — por sorteo del Espíritu Santo — para que te acompañe durante todo el año. Rezá con él · imitalo · pedile · leelo. Al final del año · vas a ser distinto.
✦ La tradición
Santa Faustina Kowalska cuenta en su Diario que en el noviciado de las Hermanas de la Divina Misericordia · cada 31 de diciembre se sorteaba un santo patrono para el año. Ese santo era el «compañero del alma» · el que abogaba en el Cielo · el que enseñaba desde arriba. La misma tradición se vivía en los Carmelos · en las casas jesuíticas · en las comunidades de vida contemplativa. Es una devoción bellísima · vamos a recuperarla.
«El resultado del sorteo dependía de la Divina Providencia · no del azar.»
— Santa Faustina Kowalska · Diario ✦ Tu Santo Patrono
✦ El sorteo
Hacé una oración · después tocá el botón
Antes de tocar el botón · rezá un Ven Espíritu Santo. Pedí que Él elija por vos. Después dale. El santo que salga es el que necesitás este año.
Cómo vivir con tu Patrono
No es un «nombre que te salió». Es una relación que empieza. El santo — desde el Cielo — se hace cargo de vos. Pero vos también tenés que ponerte:
- Leé una biografía · aunque sea Wikipedia. Enterate quién fue · cuándo vivió · qué le costó. Cinco minutos alcanzan para empezar.
- Rezale una oración por día · aunque sea la jaculatoria: «San/Santa N. · rogá por mí». Simple. Constante.
- Celebrá su fiesta · en el día de su santoral · andá a Misa · rezá el Rosario en su intención · pedile algo grande ese día.
- Imitá una virtud suya. Elegí una — su humildad · su pobreza · su silencio · su paciencia — y trabajala durante el año.
- Leé sus escritos (si los hay). Muchos santos escribieron. Una página al mes te transforma.
- Al final del año · agradecele. Renová el sorteo. O quedate con él para siempre — algunos santos se vuelven Patrono de por vida.
«Nadie llega solo al Cielo.»
Los santos son tus hermanos mayores. Aprovechalos.
«Rodeados de tal nube de testigos...» — Hebreos 12, 1
Los santos son tus hermanos mayores. Aprovechalos.
«Rodeados de tal nube de testigos...» — Hebreos 12, 1