Las Obras de Misericordia
Las obras de misericordia no son obras opcionales para los muy fervorosos. Son el criterio con el que Cristo te va a juzgar. Mateo 25, 31-46 es claro: en el Juicio Final · "Tuve hambre y me diste de comer · tuve sed y me diste de beber · estuve enfermo y me visitaste". Lo que hiciste al más pequeño, se lo hiciste a Él.
No vas a ser juzgado por lo que rezaste · vas a ser juzgado por lo que rezaste y por lo que hiciste. La fe sin obras está muerta (St 2, 17). Las obras de misericordia son el rostro visible de la fe. Son caridad con manos y pies.
La más urgente y la más universal. Hay alguien con hambre cerca tuyo · y vos podés hacer algo.
- Comprá comida y llevala a un comedor parroquial.
- Si alguien te pide algo en la calle, dale algo de comer · no dinero.
- Hacé que tu familia comparta la sobremesa con alguien solo.
- Apoyá Cáritas, comedores escolares, ollas populares.
- Cuando tengas comida que sobra, no la tires · llevala a quien la necesite.
- Invitá a comer a tu casa a alguien que pasa solo las fiestas.
El agua es vida. En muchas zonas del mundo es lujo. En la tuya, podés colaborar igual.
- Llevá una botella de agua para repartir a la gente en situación de calle.
- Doná a organizaciones que llevan agua potable a comunidades sin acceso.
- No desperdicies agua en tu casa · es regalo escaso.
- Pagale el café al que limpia tu auto.
- En verano, tené agua en la heladera para el que toca el timbre.
Hoy no hay tantos "desnudos" en sentido estricto, pero hay millones sin abrigo, sin ropa digna, sin lo elemental.
- Doná la ropa que no usás · en buen estado, no rota.
- Junta abrigos para "campañas del frío" en invierno.
- Si conocés una familia con hijos y poco · compráles ropa nueva al inicio del año escolar.
- Cuando comprés ropa nueva, regalá la anterior.
- Tejé bufandas, guantes para regalar (algunos santos lo hacían).
Hospedar al que viene de afuera. Hoy también: acoger al inmigrante, al refugiado, al que está de paso, al que no tiene techo.
- Si tenés cuarto libre, hospedá a un familiar de un enfermo del hospital, o a alguien que viene a tu ciudad a un trámite.
- Apoyá refugios para gente en situación de calle.
- Recibí con cariño al inmigrante en tu trabajo, en tu barrio.
- Hacé que tu casa sea "casa abierta" · no fortaleza cerrada.
- Si conocés a una persona sola · que sepa que tu mesa es su mesa los domingos.
El que está enfermo necesita más que medicina · necesita presencia. Visitarlo es darle dignidad.
- Visitá familiares enfermos · aunque sea por poco rato.
- Acompañá a tus padres cuando van al médico.
- Si conocés un vecino solo con enfermedad crónica, ofrecé pasar a verlo regularmente.
- Acompañá a tus amigos cuando alguno está hospitalizado.
- Pedí en tu parroquia ser ministro extraordinario de la Comunión para llevar a Jesús a los enfermos.
- Mandale audio o un mensaje al que sabés que está mal de salud · una palabra de ánimo es medicina.
- Lavanos los pies de tus enfermos cuando puedas · es servicio que el médico no presta.
Los más olvidados. Cristo dijo: "Estaba en la cárcel y me visitasteis". Es difícil · pero hay formas concretas de vivirlo.
- Si conocés un capellán de cárceles, apoyalo · su trabajo es heroico.
- Doná Biblias, Rosarios, libros espirituales para presos.
- Si en tu familia hay un detenido, no lo abandones · andá a verlo.
- Rezá por los presos diariamente · son almas olvidadas.
- Apoyá programas que ayuden a la reinserción del que sale en libertad.
- Hablá bien de los procesos de redención · "el preso de hoy puede ser el santo de mañana" (San Dimas, el buen ladrón).
El cuerpo es templo del Espíritu Santo · merece dignidad incluso muerto. Esta obra también incluye rezar por los difuntos.
- Acompañá los velorios y funerales · aunque no conozcas tanto al difunto.
- Llevá flores al cementerio · no solo a tus difuntos · también a tumbas olvidadas.
- Mandá Misas por los difuntos · es lo más eficaz.
- Ayudá económicamente a familias que no pueden pagar el sepelio.
- Rezá la Coronilla de la Divina Misericordia por las Ánimas del Purgatorio.
- Lavá y vestí al difunto en tu familia si podés · era hábito antiguo, profundamente católico.
- Defendé la dignidad del cuerpo · contra la cremación apurada, contra el descarte funerario.
Hay ignorancia destructiva: no saber que Dios te ama, no saber confesarse, no saber rezar. Compartir lo que sabés es obra de misericordia.
- Ofrecete como catequista en tu parroquia.
- Enseñá a tus hijos las verdades de la fe.
- Hablá de Cristo en el trabajo cuando se da la ocasión.
- Recomendá libros buenos, sitios católicos serios.
- Compartí esta página · o cualquier otra que ayude a un alma.
- Hablá de los santos a tus nietos.
- Apoyá la educación católica.
El que está confundido necesita luz, no presión. Un consejo dado a tiempo puede salvar una vida.
- Escuchá primero · aconsejá después.
- Si te piden opinión, no mientas para quedar bien · decí la verdad con caridad.
- Recomendá un buen sacerdote a quien sufre.
- No des consejos que vos no estás dispuesto a vivir.
- Antes de hablar, rezá un Avemaría pidiendo al Espíritu Santo.
- Si no sabés qué decir · decílo así, y rezá con el otro.
Es difícil · pero es caridad verdadera. El que no corrige se hace cómplice del pecado del otro. Hay que corregir con prudencia, mansedumbre y en privado.
- Si ves a alguien en pecado grave · hablale (con cariño, en privado).
- Si tus hijos pequeños hacen algo malo · enseñales por qué está mal · sin enojarte.
- Si tu cónyuge te cuestiona, no te ofendas · escuchá si tiene razón.
- No corrijas en público · humilla y no convierte.
- Si tu corrección no es aceptada, dejá descansar y volvé en otra ocasión.
- Rezá por la conversión del otro · más eficaz que sermonear.
"Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos". Si no perdonás, no sos perdonado. Sin condiciones. Hasta setenta veces siete.
- Hacé lista mental de quienes te ofendieron · perdoná a cada uno por nombre.
- Rezá por ellos · especialmente por los más difíciles.
- Si podés reconciliarte, hacelo. Llamá, abrazá, pedí perdón vos también si hace falta.
- Si no podés contactar al otro, perdoná interiormente.
- No esperes a que te pidan perdón · vos perdoná antes.
- Acercate a la Eucaristía solo cuando hayas hecho las paces (Mt 5, 23-24).
El triste no necesita filosofía · necesita compañía. Sentate con él. Escuchá. No quieras "arreglarle" todo. Estar es ya consolar.
- Cuando alguien pierde un ser querido · andá a verlo · no mandes solo un mensaje.
- Si un familiar atraviesa depresión, no lo abandones · acompañalo a un buen médico y a un sacerdote.
- Llamá a quien sospechás que está mal · "estaba pensando en vos, ¿cómo estás?"
- Compartí páginas de acompañamiento con quien las necesite.
- No minimices el dolor del otro · escuchá.
- Si no sabés qué decir · abrazá. El abrazo dice más que las palabras.
Toda persona tiene aristas que molestan. Esta obra es la más cotidiana: aguantar con buen humor lo que el otro no puede o no quiere cambiar.
- Soportá los defectos de tu cónyuge sin estarlos enrostrando.
- Tené paciencia con tus padres ancianos · sus repeticiones, sus achaques, su lentitud.
- Aguantá al compañero de trabajo difícil · sin chismear contra él.
- No estés siempre corrigiendo a los demás.
- Ofrecé las molestias diarias por tus intenciones · son cruz redentora.
- Sonreí cuando podrías protestar.
La obra universal · que todos pueden hacer · que nunca termina. Tu oración es como mano invisible que sostiene almas que no conocés.
- Rezá diariamente por tus familiares vivos.
- Rezá por los difuntos de tu familia · sobre todo los más olvidados.
- Ofrecé tus Comuniones por intenciones específicas.
- Rezá por el Papa y los sacerdotes.
- Rezá por los enemigos y los perseguidores.
- Ofrecé sufrimientos por la conversión de los pecadores.
- Mandá Misas por los difuntos · vivientes también.
- Rezá la Coronilla a las 3pm por los moribundos.
Cristo describió el Juicio Final en Mateo 25, 31-46. Lo que evalúa no son las teorías que defendiste · es lo que hiciste con el hambriento, el sediento, el peregrino, el desnudo, el enfermo, el preso.
Y de los que no lo hicieron, dirá: "Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno" (v. 41). De los que lo hicieron: "Venid, benditos de mi Padre, recibid en herencia el Reino" (v. 34).
No es metáfora. Es la verdad del Evangelio. La fe sin obras está muerta · y a Dios no se lo engaña.
Cada hambriento es tu hambre.
Cada enfermo es tu llaga.
Cada solo es tu Getsemaní.
Abrime los ojos para verte donde estás escondido.
Dame el coraje de mover las manos
cuando otros pasan de largo.
Que mi caridad sea concreta · que no se quede en intenciones.
Y que el día del Juicio, cuando vuelvas,
me reconozcas en los que ayudé,
no por mérito mío,
sino por tu misericordia. Amén.
"Cuanto hicisteis al más pequeño · a Mí me lo hicisteis."