†A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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Perdonar

Qué es, qué no es · y qué hacer cuando querés y no podés

Casi todos cargamos con alguien. Un padre que no estuvo, un hermano que traicionó, alguien que se fue, alguien que hizo un daño que no se arregla. Y en medio de eso rezamos todos los días una frase tremenda: «perdonanos como nosotros perdonamos». Esta página es para mirar eso de frente: qué pide Dios exactamente, qué no está pidiendo —que es donde más se confunde la gente— y qué hacer si querés perdonar y no te sale.

Lo que Jesús dijo, sin suavizar
«Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados»Mateo 6, 14-15

No hay manera de esquivarlo: es la única petición del Padrenuestro que trae una condición puesta por el mismo Jesús. Y cuando Pedro quiso ponerle un número —«¿Hasta siete veces?»—, la respuesta fue «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18, 21-22), que en la manera de hablar de entonces quiere decir sin límite.

Y contó por qué. En la parábola, el siervo al que le perdonaron una deuda impagable sale afuera y agarra del cuello al que le debía monedas. El señor lo llama: «¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, puesto que yo me compadecí de ti?» (Mateo 18, 33). Ahí está todo el asunto: nosotros ya fuimos perdonados de mucho más. Perdonar no es un favor que le hacemos a Dios, es dejar correr para otros el agua que nos llegó a nosotros.

Lo que perdonar NO es

Acá se traba la mayoría, y casi siempre por cosas que la Iglesia nunca pidió:

Entonces, ¿qué es?

El perdón comienza y se expresa también en actos de la voluntad: renunciar a la venganza, dejar de alimentar el deseo de hacer daño y entregar a Dios la deuda que el otro tiene con vos. Esa decisión puede necesitar ser renovada muchas veces y siempre está sostenida por la gracia. La paz y la capacidad de recordar sin quedar dominado por la herida suelen llegar después, en un proceso que no se puede forzar.

Lo que dice el Catecismo, y conviene leer despacio

«No está en nuestro poder no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo transforma la herida en compasión» (Catecismo, 2843).

O sea: la Iglesia no te pide que sientas lo que no sentís. Te pide que ofrezcas el corazón. El trabajo de convertir la herida no lo hacés vos: lo hace Él, y suele llevar tiempo.

El Catecismo agrega algo que descarga mucho peso: este perdón no está al alcance del hombre solo, es participación de la misericordia de Dios (Catecismo, 2842 y 2844). Si te sale imposible con tus fuerzas, es porque lo es. Se pide.

Si querés perdonar y no podés

Primero, una distinción importante: desear sinceramente perdonar y descubrir que la herida todavía te supera no es lo mismo que decidir alimentar el odio o la venganza. Ese deseo es un comienzo real; seguí pidiendo la gracia y dejate acompañar. Dios conoce el corazón, la libertad y el peso concreto de lo que viviste.

Dos casos que conviene nombrar

Aprender a recibir el perdón de Dios. Si recibiste la absolución sacramental, los pecados confesados quedaron perdonados; eso no elimina la reparación que corresponda, pero sí impide tratarte como si la misericordia de Dios no fuera real. Si la culpa vuelve de manera insistente, puede haber una herida o escrúpulos, no necesariamente falta de fe: hablalo con un confesor estable y mirá Conciencia y escrúpulos.

Estar enojado con Dios. Pasa, sobre todo después de una muerte o de una injusticia. Dios no necesita que lo perdonen, porque no hizo nada malo · pero tu enojo es real y el mejor lugar para ponerlo es delante de Él. Job le reclamó de frente y terminó más cerca, no más lejos.

Lo que hizo Él
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»Lucas 23, 34 · clavado en la cruz, mientras se repartían su ropa

Lo dijo mientras lo estaban matando, no después, no cuando ya no dolía. Por eso cuando Él te pide perdonar no te está pidiendo algo que no haya hecho primero, y en peores condiciones que las tuyas. Y san Pablo lo resume para todos los días: «Sed benignos unos para con otros, compasivos, perdonándoos mutuamente de la misma manera que Dios os ha perdonado a vosotros en Cristo.» (Efesios 4, 32).

Oración del que todavía no puede
Señor, vos sabés lo que me hicieron · y sabés que todavía duele.

No puedo decir que lo perdono con el corazón entero.
Pero quiero poder. Y eso te lo entrego hoy.

Te dejo la deuda que esa persona tiene conmigo · no la quiero cobrar yo.
Bendecila, y curame a mí.

Y si me toca ponerme a salvo o pedir justicia, dame la prudencia para hacerlo
sin odio en el corazón.
Amén.

Seguí por acá: cómo confesarse · las obras de misericordia · conciencia y escrúpulos · si estás atravesando algo. Y si lo que estás viviendo es violencia, no lo pases por alto: en No estás solo hay teléfonos que atienden ahora.

De dónde sale lo que dice esta página. Los versículos, de la Biblia de este sitio, palabra por palabra: Mateo 6, 14-15; Mateo 18, 21-22 y 33; Lucas 23, 34; Efesios 4, 32 y Romanos 12, 19. La doctrina, del Catecismo de la Iglesia Católica, en su explicación del Padrenuestro: el perdón como participación de la misericordia de Dios y no obra del hombre solo (2842; 2844), y la distinción entre el sentimiento que no se manda y el corazón que se ofrece al Espíritu Santo (2843). La relación entre perdón, memoria, justicia y rechazo de la venganza está desarrollada también en Fratelli tutti 250-252. El perdón cristiano no exige impunidad ni obliga a una víctima a restablecer una relación insegura.

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