†A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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El Apocalipsis 14 · archivo

Archivo de la antigua sección «El Libro del Pueblo de Dios». Conservamos el texto publicado en el sitio anterior. Es una sección distinta de la Biblia de Monseñor Straubinger.

Capítulo 14: Apocalipsis 14

1 Seguí mirando, y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él 144.000, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

2 Y oí un ruido que venía del cielo, como el ruido de grandes aguas o el fragor de un gran trueno; y el ruido que oía era como de citaristas que tocaran sus cítaras.

3 Cantan un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender el cántico, fuera de los 144.000 rescatados de la tierra.

4 Estos son los que no se mancharon con mujeres, pues son vírgenes. Estos  siguen  al Cordero a dondequiera que vaya, y han sido rescatados de entre los hombres como  primicias para Dios  y para el Cordero, 5 y  en su boca no se encontró mentira:  no tienen tacha.

6 Luego vi a otro Ángel que volaba por lo alto del cielo y tenía una buena nueva eterna que anunciar a los que están en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo.

7 Decía con fuerte voz: "Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su Juicio; adorad  al que hizo el cielo y la tierra, el mar  y los manantiales de agua."

8 Y un segundo Ángel le siguió diciendo:  "Cayó, cayó la Gran Babilonia,  la que dio a beber a todas las naciones el  vino del furor."

9 Un tercer Ángel les siguió, diciendo con fuerte voz: "Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, 10 tendrá que beber también del vino del furor de Dios, que está preparado, puro, en la copa de su cólera. Será atormentado  con fuego y azufre,  delante de los santos Ángeles y delante del Cordero.

11 Y  la humareda  de su tormento  se eleva por los siglos  de los siglos; no hay reposo,  ni de día ni de noche,  para los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni para el que acepta la marca de su nombre."

12 Aquí se requiere la paciencia de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

13 Luego oí una voz que decía desde el cielo: "Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí - dice el Espíritu -, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan."

14 Y seguí viendo. Había  una nube  blanca,  y sobre la nube  sentado  uno como Hijo de hombre , que llevaba en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada.

15 Luego salió del Santuario otro Ángel gritando con fuerte voz al que estaba sentado en la nube:  "Mete tu hoz  y siega, porque ha llegado la hora de segar;  la mies  de la tierra  está madura."

16 Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra y se quedó segada la tierra.

17 Otro Ángel salió entonces del Santuario que hay en el cielo; tenía también una hoz afilada.

18 Y salió del altar otro Ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó con fuerte voz al que tenía la hoz afilada: "Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque están en sazón sus uvas."

19 El Ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y lo echó todo en el gran lagar del furor de Dios.

20 Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad y brotó sangre del lagar hasta la altura de los frenos de los caballos en una extensión de 1.600 estadios.




Procedencia: archivo del sitio anterior. Fuente declarada en la página conservada: Catholic.net. Se mantienen el texto, sus encabezados y su numeración.

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