†A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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Eclesiastés 3 · archivo

Archivo de la antigua sección «El Libro del Pueblo de Dios». Conservamos el texto publicado en el sitio anterior. Es una sección distinta de la Biblia de Monseñor Straubinger.

Capítulo 3: Eclesiastés 3

El momento oportuno

3 1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
2 un tiempo para nacery un tiempo para morir,
un tiempo para plantary un tiempo para arrancarlo plantado;
3 un tiempo para matary un tiempo para curar,
un tiempo para demolery un tiempo para edificar;
4 un tiempo para llorary un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarsey un tiempo para bailar;
5 un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
6 un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardary un tiempo para tirar;
7 un tiempo para rasgary un tiempo para coser,
un tiempo para callary un tiempo para hablar;
8 un tiempo para amary un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.

La incomprensibilidad de la obra de Dios

9 ¿Qué provecho obtiene el trabajadorcon su esfuerzo?
10 Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres
para que se ocupen de ella.

11 Él hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo,
pero también puso en el corazón del hombre
el sentido del tiempo pasado y futuro,
sin que el hombre pueda descubrir
la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.

12 Yo comprendí que lo único bueno para el hombre
es alegrarse y buscar el bienestar en la vida.

13 Después de todo, que un hombre coma y beba
y goce del bienestar con su esfuerzo,
eso es un don de Dios.

14 Yo reconocí que todo lo que hace Dios
dura para siempre:
no hay que añadirle ni quitarle nada,
y Dios obra así para que
se tenga temor en su presencia.

15 Lo que es, ya fue antes,
lo que ha de ser, ya existió,
y Dios va en busca de lo que es fugaz.

La condición humana

16 Yo he visto algo más bajo el sol:
en lugar del derecho, la maldad
y en lugar de la justicia, la iniquidad.

17 Entonces me dije a mí mismo:
Dios juzgará al justo y al malvado,
porque allá hay un tiempo
para cada cosa y para cada acción.

18 Yo pensé acerca de los hombres:
si Dios los prueba, es para que vean
que no se distinguen de los animales.

19 Porque los hombres y los animales
tienen todos la misma suerte:
como mueren unos, mueren también los otros.
Todos tienen el mismo aliento vital
y el hombre no es superior a las bestias,
porque todo es vanidad.

20 Todos van hacia el mismo lugar:
todo viene del polvo y todo retorna al polvo.

21 ¿Quién sabe si el aliento del hombre
sube hacia lo alto,
y si el aliento del animal
baja a lo profundo de la tierra?

22 Por eso, yo vique lo único bueno para el hombre
es alegrarse de sus obras,
ya que esta es su parte:
¿Quién, en efecto, lo llevará a ver
lo que habrá después de él?


 



Procedencia: archivo del sitio anterior. Fuente declarada en la página conservada: Catholic.net. Se mantienen el texto, sus encabezados y su numeración.

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