†A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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Isaías 66 · archivo

Archivo de la antigua sección «El Libro del Pueblo de Dios». Conservamos el texto publicado en el sitio anterior. Es una sección distinta de la Biblia de Monseñor Straubinger.

Capítulo 66: Isaías 66

El culto agradable al Señor

66 1 Así habla el Señor: El cielo es mi trono
y la tierra, el estrado de mis pies.
¿Qué casa podrán edificarme ustedes
y dónde estará el lugar de mi reposo?

2 Todo esto lo hizo mi mano
y todo me pertenece–oráculo del Señor–.
Aquel hacia quien vuelvo la mirada
es el pobre, de espíritu acongojado,
que se estremece ante mis palabras.

Contra la degeneración del culto

3 Se inmola un buey,
y se mata a un hombre,
se sacrifica un cordero,
y se desnuca un perro,
se presenta una oblación,
y se ofrece sangre de cerdo,
se quema un memorial de incienso,
y se bendice una iniquidad.
Porque ellos han elegido sus propios caminos
y se complacen en sus ídolos,
4 también yo elegiré sus desgracias
y les enviaré lo que más temen.
Yo llamé, y nadie respondió,
hablé, y ellos no escucharon,
sino que hicieron lo que me desagrada
y eligieron lo que yo no quiero.

La llegada imprevista de la salvación

5 ¡Escuchen la palabra del Señor,
ustedes que se estremecen ante su palabra!
Dicen sus hermanos, los que tienen odio contra ustedes
y los rechazan a causa de mi Nombre:
"Que el Señor manifieste su gloria,
así veremos la alegría de ustedes".
Pero son ellos los que se avergonzarán.

6 Una voz retumba desde la ciudad,
una voz sale del Templo:
es la voz del Señorque retribuye a sus enemigos.

7 Antes de las contracciones, ella dio a luz;
antes de que le llegaran los dolores,
dio a luz un hijo varón.

8 ¿Quién oyó jamás algo semejante,
quién ha visto una cosa igual?
¿Se da a luz un país en un solo día?
¿Se hace nacer una naciónde una sola vez?
Pero Sión, apenas sintió los dolores,
ha dado a luz a sus hijos.

9 ¿Acaso yo abriré la matriz
y no haré dar a luz?, dice el Señor.
¿Acaso la voy a cerrar,
yo que hago nacer?, dice tu Dios.

La felicidad de Israel y el castigo de sus enemigos

10 ¡Alégrense con Jerusalén
y regocíjense a causa de ella,
todos los que la aman!
¡Compartan su mismo gozo
los que estaban de duelo por ella,
11 para ser amamantados y saciarse
en sus pechos consoladores,
para gustar las delicias
de sus senos gloriosos!

12 Porque así habla el Señor:
Yo haré correr hacia ella
la paz como un río,
y la riqueza de las naciones
como un torrente que se desborda.
Sus niños de pecho serán llevados en brazos
y acariciados sobre las rodillas.

13 Como un hombre es consolado por su madre,
así yo los consolaré a ustedes,
y ustedes serán consolados en Jerusalén.

14 Al ver esto, se llenarán de gozo
y sus huesos florecerán como la hierba.
La mano del Señor se manifestará a sus servidores,
y a sus enemigos, su indignación.

15 Porque ya viene el Señor en medio del fuego
–sus carros son como un torbellino–
para descargar su ira con furor
y sus amenazas con las llamas del fuego.

16 Porque el Señor entra en juiciocon todos los vivientes
por el fuego y por su espada,
y serán numerosas las víctimas del Señor.

Contra los ritos paganos

17 Los que se santifican y se purifican
para entrar en los jardines,
detrás de uno que va en el medio;
los que comen carne de cerdo,
animales inmundos y ratas,
serán aniquilados todos juntos
–oráculo del Señor–
con sus obras y sus pensamientos.

La ofrenda de todas las naciones

18 Entonces, yo mismo vendré a reunir a todas las naciones y a todas las lenguas, y ellas vendrán y verán mi gloria.

19 Yo les daré una señal, y a algunos de sus sobrevivientes los enviaré a las naciones: a Tarsis, Put, Lud, Mésec, Ros, Tubal y Javán, a las costas lejanas que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria. Y ellos anunciarán mi gloria a las naciones.

20 Ellos traerán a todos los hermanos de ustedes, como una ofrenda al Señor, hasta mi Montaña santa de Jerusalén. Los traerán en caballos, carros y literas, a lomo de mulas y en dromedarios –dice el Señor– como los israelitas llevan la ofrenda a la Casa del Señor en un recipiente puro.

21 Y también de entre ellos tomaré sacerdotes y levitas, dice el Señor.

22 Porque así como permanecen delante de mí el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré –oráculo del Señor–, así permanecerán la raza y el nombre de ustedes.

23 De luna nueva en luna nueva, y de sábado en sábado, todos vendrán a postrarse delante de mí, dice el Señor.

24 Y al salir, se verán los despojos de los hombres que se han rebelado contra mí, porque
su gusano no morirá,
su fuego no se extinguirá
y serán algo horrible para todos los vivientes.



 



Procedencia: archivo del sitio anterior. Fuente declarada en la página conservada: Catholic.net. Se mantienen el texto, sus encabezados y su numeración.

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