†A JESÚS POR MARÍA · SANTA IGLESIA CATÓLICA
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Sagrado Corazón de Jesús
✦ Devoción histórica · práctica mensual

Los nueve oficios del Sagrado Corazón de Jesús

Elegí un oficio —o dejalo al sorteo— y acompañalo desde el primer viernes de un mes hasta el primer viernes del siguiente, unido espiritualmente a un coro de ángeles.

No es una novena de nueve días. El ejemplar propone un oficio para todo el mes. Esta edición muestra el texto en forma digital, seleccionable y adaptable al teléfono; las fotografías recibidas quedan únicamente como fuente de cotejo y no se exhiben.
Leer la introducción del ejemplar

Cada mes se saca por sorteo un “oficio”, y desde el primer viernes de aquel mes hasta el primer viernes del mes siguiente se esfuerza uno en cumplirlo perfectamente uniéndose espiritualmente a un coro de Ángeles.

Esta piadosa devoción se remonta a Santa Margarita María. Algunas palabras de la Santa parecen indicar que Nuestro Señor mismo es el principal autor de ella.

El 8 de junio de 1686 le escribe a una religiosa, que el Sagrado Corazón “le ha dado su oficio, haciendo de ella su MEDIATRIZ (oficio de «Mediador o Promotor»), para pedir al Padre Eterno que haga conocer este Sagrado Corazón… Además, Nuestro Señor quiere una REPARADORA que pida humildemente perdón a Dios por todas las injurias que le son hechas en el Santísimo Sacramento… (Oficio de «Reparador»)”.

“El Sagrado Corazón —escribe otra vez— desea que estos oficios se saquen por sorteo…” En otra parte, la Santa dice: “No sé de otra devoción que sea más propia para elevar en poco tiempo un alma a la más alta perfección…”

La experiencia demuestra la verdad de esta afirmación, y ¡cuánto adelantan en el fervor los que con todo su corazón se entregan a la práctica de esta devoción!

La redacción que publicamos es la misma que está en uso en la Fraternidad San Pío X. Puede servir también para los no religiosos: basta sustituir las palabras “Congregación, comunidad, etc.”, por la de familia o grupo.

Oficio I · De 12 a 3 de la tarde · los Tronos
El Promotor (Mediador)

Fin especial: Promover la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y esforzarse por llegar a ser, unido al Corazón Inmaculado de María, como el “mediador” entre Dios y los hombres, en orden al establecimiento del Reino Universal del Corazón de Cristo Rey.

Promesa particular: Hecha a Santa Margarita María, como podemos creer piadosamente, para los que cumplan este oficio: “Jesús mismo será su Mediador (de una manera más especial) ante su Padre Eterno”.

Virtud especial: Rogar y sacrificarse para implorar las gracias celestiales que hagan que el Sagrado Corazón reine en la sociedad humana. Y esforzarse por atraer a los hombres a su amor e imitación.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“¡Oh Señor Jesucristo! Por medio del Corazón Inmaculado de María, y unido al Coro de los Tronos, ofrezco a vuestro Divino Corazón todas mis oraciones, actividades y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis continuamente en los Altares.

“Más particularmente las ofrezco suplicando al Padre Celestial que ilumine a los pobres hombres para que conozcan por fin las aspiraciones, los ideales, los afectos, las delicadezas y todas las excelentes y eminentes virtudes de vuestro Corazón, y así sean inducidos todos a tomarlas como regla de conducta entre sí, en su vida privada, y en todas sus relaciones sociales, políticas y religiosas. De este modo vendrá a nosotros vuestro reino y se establecerá plenamente sobre la tierra.

“Las ofrezco para que el Espíritu Santo inflame a los hombres en el amor hacia vuestro Divino Corazón y en el deseo de ver al mundo abrasado del fuego que habéis venido a traer.

“Las ofrezco, en fin, para que la Santísima Virgen interponga su poderosa mediación, para que todo el mundo, sobre todo los que confían en vuestra bondad, experimenten los poderosos y saludables efectos del Reino de vuestro «Corazón de Majestad Infinita». Así sea”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 12 hasta las 3 de la tarde). A las doce, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento, se dirá:

“Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y al Coro de los Tronos para suplir mi insuficiencia, os adoro en espíritu durante todo el día, pero más particularmente durante estas tres horas, en las Sagradas Hostias donde permanecéis realmente por mi amor; y me refugio con ardiente afecto en lo más íntimo de Vuestro Sagrado Corazón.

“Que todos los hombres, conociendo sus tesoros inagotables y repudiando los placeres y satisfacciones mundanas, vengan a gustar las delicias inefables que reserváis en este Corazón para los que os aman”.

Jaculatoria: “Corazón Sagrado de Jesús, venga a nosotros tu reino” (300 días de indulgencia).

3. Visita al Santísimo. Después de un profundo acto de fe y de adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento, procurando unirse a los sentimientos de Mediador que palpitan en su Corazón, se dirá:

“¡Oh Corazón Sagrado de Jesús! Uniéndome al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen, y a los espíritus celestiales del Coro de los Tronos, os pido con vivas instancias que, por los méritos infinitos de vuestro Corazón, os dignéis reinar como Maestro Supremo en nuestra Congregación, y en el Corazón de cada uno de sus hijos; en todas las otras Congregaciones Religiosas, en la Santa Iglesia Jerárquica, en toda la sociedad humana, sobre todo en tantos millones de almas que os han costado vuestra sangre, pero que no os adoran porque no os conocen. Os pido además que nos concedáis la gracia de cumplir fielmente la adoración en espíritu y la virtud del Oficio” (recordarla por un simple pensamiento).

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, acordándose, por ejemplo, de las Cinco Llagas de Jesús Crucificado, hacer algunos actos como los que siguen:

a) Esforzarse por reproducir en nosotros las aspiraciones y virtudes de nuestro Rey.

b) Aprovechar las ocasiones para promover la devoción al Sagrado Corazón.

c) Repetir la oración o la jaculatoria correspondiente al Oficio, o simplemente decir: “Corazón Sagrado de Jesús, deseo ardientemente que todos los hombres os conozcan y os adoren cada vez más”.

d) Ofrecer en espíritu las misas que se celebran en el mundo, para que la Verdad, la Justicia y la Misericordia del Corazón de Jesús, reinen en la tierra.

Oficio II · De 3 a 6 de la tarde · las Potestades
El Reparador

Fin especial: Está particularmente encargado de pedir perdón por los ultrajes y ofensas que los hombres hacen a la Divina Majestad, sobre todo en el Sacramento de su Amor.

Promesa particular: “El que se emplea en reparar los pecados de los otros es tan agradable a Nuestro Señor que, según su promesa, puede humildemente tener confianza de que él a la vez obtendrá misericordia”.

Virtud especial: La exacta observancia de las Reglas y otros deberes de estado, venciendo todos los obstáculos y todos los respetos humanos que nos lo pudieran estorbar.

Máxima: El que se esfuerza en desagraviar a la Divina Majestad de los ultrajes que se le infieren puede, con razón, esperar que el Señor le perdonará la pena debida por sus propios pecados y que tendrá de él una especial misericordia.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María, y unido al Coro de las Potestades, os ofrezco todas las oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares. Os las ofrezco más particularmente para daros una satisfacción, ofreceros una reparación y obtener de vuestra misericordia el perdón de los ultrajes y ofensas de los hombres; sobre todo de las que han cometido contra el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Así sea”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 3 hasta las 6 de la tarde). A las tres, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento, se dirá:

“Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y al Coro de las Potestades para suplir mi insuficiencia, os adoro en el Santísimo Sacramento del Altar durante todo el día, pero más particularmente durante estas tres horas, encerrándome en vuestro Corazón Sagrado como en una prisión de Amor y ofreciendo vuestros méritos infinitos a la Majestad Divina ofendida y ultrajada en este Sacramento adorable”.

Jaculatoria: “¡Oh Dios mío! Os ofrezco los méritos infinitos de vuestro Sagrado Corazón en reparación sobre todo de las injurias que recibís en el Santísimo Sacramento”.

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“¡Oh Corazón Divino de Jesús! Unido al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen y a los espíritus celestiales del Coro de las Potestades, quiero pediros perdón y desagraviaros de las misas mal celebradas, de las comuniones hechas con tibieza, sobre todo por las almas que os están especialmente consagradas, y de las faltas cometidas en la Comunidad que más han podido desagradar a vuestro Divino Corazón. Os pido también que me concedáis la gracia de cumplir fielmente la adoración en espíritu y la virtud del Oficio” (recordarla por un simple pensamiento).

Acto de reparación (para leerlo durante la visita): “Os adoro, Jesús, Rey amantísimo, por todos los que no os adoran, os amo por todos los que no os aman; deseo reparar toda la ingratitud que vuestro Corazón recibe de los hombres, y para mostraros mi amor, os doy mi corazón y me consagro enteramente a Vos, ahora y por toda la eternidad. Así sea”.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, hacer algunos de los actos propuestos a continuación, en honor de las Cinco Llagas de Nuestro Señor:

a) Observar la más afectuosa y profunda reverencia hacia el Santísimo Sacramento.

b) Hacer algún acto de observancia regular o renovar la intención de hacerlo.

c) Vencer todo respeto humano en el cumplimiento de cualquier deber.

d) Pedir perdón por las flaquezas y tomar la resolución de repararlas enseguida.

e) Ofrecer en espíritu de reparación las Santas Misas que continuamente se celebran en toda la tierra.

Oficio III · De 6 a 9 de la tarde · las Dominaciones
El Adorador

Fin especial: Uniendo sus humildes alabanzas a las que el Sagrado Corazón rinde continuamente a la Santísima Trinidad, el Adorador se esforzará en suplir con frecuentes adoraciones el deplorable y general olvido de Dios que hay en el mundo.

Promesa particular: “El Padre busca tales adoradores… que adoren a Dios en espíritu y en verdad” (Palabras de Nuestro Señor a la samaritana).

Virtud especial: Guardar la más profunda reverencia en las iglesias y capillas guardando verdadero recogimiento y respetuoso silencio, sobre todo porque Jesucristo habita en ellas.

Máxima: No se podrá verdaderamente adorar si no se imita a quien se adora.

Nota: Acordarse principalmente de los desgraciados indiferentes y mundanos.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Divino Corazón de Jesús, por el Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de las Dominaciones, os ofrezco las oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las intenciones por las que Vos os inmoláis en los altares. Os las ofrezco en particular para reparar el olvido de Dios que hay en el mundo, uniendo mis alabanzas a las que Vos ofrecéis continuamente a la Santísima Trinidad. Y os consagro y dedico para vuestra mayor gloria todo el bien que se haga en toda la tierra. Así sea”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 6 hasta las 9 de la tarde). A las seis, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento, se dirá:

“Divino Corazón de Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María y en unión del Coro de las Dominaciones, para suplir mi insuficiencia, os adoro durante todo el día, pero más profundamente durante estas tres horas, en el Santísimo Sacramento del Altar, deleitándome interiormente con el cántico que los Bienaventurados entonan en el cielo a la Santísima Trinidad: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos”.

Jaculatoria: “Jesús, Dios mío, yo os adoro aquí presente en el Sacramento de vuestro amor” (100 días de indulgencia arrodillado delante del Santísimo Sacramento).

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“Divino Corazón de Jesús, os adoro con toda mi alma por el Corazón Inmaculado de María. Por su intercesión, y en unión del Coro de las Dominaciones, os suplico que concedáis a cada miembro de esta Comunidad, en nombre de la cual yo hago esta visita, a todos los miembros de esta Congregación, a los religiosos de otras órdenes y a todos los sacerdotes seculares, el espíritu de fervor y de celo para cumplir las obligaciones de su estado.

“Yo os ofrezco también, oh Corazón Sagrado, vuestros méritos infinitos en reparación del deplorable y general olvido de Dios en el mundo, suplicándoos en cambio que nos concedáis la gracia de observar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del Oficio” (recordarla por un simple pensamiento).

“Oh Corazón Divino, verdadero adorador y perfectísimo amante de la Divinidad, tened misericordia de mí” (tres veces en honor de la Santísima Trinidad).

Oración del Oficio: “Oh Jesús mío, digno adorador de la Majestad Divina, me uno con toda mi alma a las continuas adoraciones que rendís a Vuestro Padre Celestial en lo más íntimo de vuestro Divino Corazón; yo quisiera que de mi alma brotasen todos los sentimientos de amor que Vos comunicáis a la Santísima Virgen y a vuestros Santos, para honraros y glorificaros dignamente por toda la eternidad”.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, en honor de las cinco Llagas de Nuestro Señor:

a) Pedir que se observe el más profundo respeto en las iglesias y capillas en donde habita Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

b) Durante este mes, tener siempre la más recogida actitud, en la capilla o en las iglesias.

c) Yendo a visitar al Santísimo Sacramento, hacer el equivalente de la segunda adición de la segunda semana (de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: “Poner delante de mí a dónde voy y delante de quién…”), acordándose de Aquél que espera nuestras adoraciones.

d) Cuando se sale, en viendo un campanario o una iglesia, saludar a Dios que allí se ha hecho prisionero, dulce compañero de nuestro destierro.

Oficio IV · De 9 de la noche a 6 de la mañana · los Serafines
El Amante

Fin especial: Reparar la indiferencia y la frialdad de los corazones consagrados a Dios.

Promesa particular: “Si desterráis todo sentimiento de amor propio y todo respeto humano, gustaréis la suavidad de su dulce intimidad” (Santa Margarita María).

Virtud especial: La fidelidad de la esposa que roba el corazón del esposo con sus puros y ardientes afectos. Exactitud en las cosas pequeñas. Pero todo por amor y en todas las cosas.

Máxima: Nadie puede obtener el Cielo, donde se goza la plenitud del amor, si este amor no lo acompaña en el camino.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de los Serafines, os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que Vos os inmoláis en los altares. Os las ofrezco en particular para reparar la indiferencia de los corazones que os están consagrados”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 9 de la noche hasta las 6 de la mañana). A las nueve, transportándose en espíritu ante el Sagrario, se dirá:

“Oh Corazón Divino de Jesús, os adoro en las Sagradas Hostias consagradas del Sagrario, por el Corazón Inmaculado de María y en unión del coro de los Serafines, para suplir mi insuficiencia, y encierro mi corazón dentro de vuestro Sagrario, en vuestra dulce compañía”.

Antes de dormirse: “Yo dormiré, pero mi corazón permanecerá en vela dentro del de mi Amado”. — “Dulce Corazón de Jesús, haced que yo os ame más y más”.

Antes de la oración de la mañana: “Os adoro, Corazón Divino de mi adorable Redentor, por el Corazón Inmaculado de María y, dando fervientes acciones de gracias a los espíritus celestiales que se han dignado suplir mi ausencia delante de Vos con sus ardientes oraciones, os renuevo, oh Corazón Dulcísimo, mis protestas de amor. Y por el mismo Corazón Purísimo de vuestra Madre y la intercesión del Coro de los Serafines os suplico que os dignéis inflamar en el fuego de vuestro divino amor los corazones tibios y lánguidos para que ahora y eternamente vivamos abrasados en vuestras celestiales llamas. También os suplico que nos concedáis la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de poner en práctica la virtud del Oficio” (recordarla por un simple pensamiento).

Jaculatoria: “Oh Corazón amabilísimo, que nuestro corazón se abrase en el fuego del Vuestro en el tiempo y en la eternidad”.

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“Oh Corazón amantísimo de Jesús, horno divino en el que arde el fuego del amor que Vos habéis venido a traer a la tierra y del que querríais ver inflamados todos nuestros corazones. Que todos ellos se abrasen hasta consumirse en esta llama deliciosa.

“Ángeles de la Corte celestial, os ruego que digáis al Autor de mi vida que yo quisiera amarlo hasta desfallecer en su dulcísimo amor”.

La última vez que se va a la capilla, por la noche, antes de acostarse, decir después de un acto de la más afectuosa adoración: “Oh Corazón adorable de Jesús, yo suplico al Corazón Inmaculado de María y a los espíritus celestiales del Coro de los Serafines que os amen y os adoren en mi lugar y en mi nombre todo el tiempo que dure mi descanso”.

Repetir tres veces la jaculatoria: “Oh Corazón amabilísimo, que nuestro corazón se abrase en el fuego del vuestro en el tiempo y en la eternidad”.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día en honor de las cinco Llagas:

a) Hacer lugar al divino amor en nuestro corazón luchando contra el amor propio, desterrando toda afición puramente natural, todo respeto humano, toda ambición terrestre, todo deseo de consolación humana.

b) Hacer a menudo algunos actos de amor y de petición de amor.

c) En todas nuestras acciones y sufrimientos tener el cuidado de mostrar nuestro amor a Jesús, de ser “del pequeño número de sus amigos” (Santa Teresa del Niño Jesús).

d) Recordar que la Oración y la Comunión son las dos hogueras donde se inflama el amor divino. Multiplicar durante el día las comuniones espirituales.

Oficio V · De 6 a 9 de la mañana · los Querubines
El Discípulo

Fin especial: La humildad del corazón, la docilidad del buen discípulo que no quiere, ni sabe, ni enseña a los otros nada que no sea lo que el mismo Jesús nos ha enseñado, conformándose totalmente con ello, muy en particular con mansedumbre. Trabajar para llegar a ser más fiel a las inspiraciones divinas, sobre todo en la oración, en la lectura y en la Comunión. Rogar para que los que tienen el cargo de enseñar se sirvan de la doctrina del Maestro y no le opongan jamás la menor resistencia.

Promesa particular: “Cuanto más silencioso seas, más serás enseñado y más se grabará en tu corazón la importante lección de tu adorable Maestro: su dulzura y su humildad”.

Virtud especial: Recogimiento y silencio, para estar atento a las inspiraciones divinas.

Máxima: “Si quieres llegar a ser discípulo del Sagrado Corazón de Jesús debes conformarte con sus santas máximas y hacerte manso y humilde como él”.

Nota: Acordarse de rogar por los profesores y los escritores, y más particularmente por los profesores de Universidades, facultades y seminarios católicos. No olvidarse de los desgraciados protestantes, modernistas, ateos, etcétera…

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María y unido al Coro de los Querubines, yo os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares. Os los ofrezco en particular para obtener la gracia de ser dócil a vuestras enseñanzas y vuestras inspiraciones sobre todo en la oración y en la Comunión, y para que los que están encargados de enseñar sean fieles a vuestra doctrina y no se aparten jamás de ella. Amén”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 6 hasta las 9 de la mañana). El discípulo se esforzará en penetrar frecuentemente en el Corazón de Jesús como en una escuela divina, donde se aprende la ciencia del casto amor de Dios, la cual hace olvidar la vana ciencia del mundo.

Se unirá al Coro de los Querubines a fin de participar con ellos en los resplandores y luces que el Corazón de Jesús derrama alrededor de sí.

“Jesús Rey de Corazón divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y al Coro de los Querubines para suplir mi insuficiencia, os adoro durante todo el día; pero más particularmente durante estas tres horas, en el Santísimo Sacramento del Altar, entrando en vuestro Corazón Divino como en una divina escuela donde se aprende la ciencia del casto amor que hace olvidar las vanidades del mundo, deseando poner en práctica vuestras lecciones para mi perfección”.

Jaculatoria: “Jesús, manso y humilde de Corazón, haced mi corazón semejante al vuestro” (500 días de indulgencia, plenaria al mes).

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“Oh Divino Corazón de Jesús en el cual están todos los tesoros de la Sabiduría y de la Ciencia. Oh, cuánto aprenden y cuán presto, los que llegan a teneros a Vos por Maestro. Enseñadme, oh Corazón amabilísimo y condescendiente, puesto que Vos habéis decidido recibirme como discípulo vuestro. Haced mi corazón dócil a vuestras divinas enseñanzas. Guiad a los que están encargados de instruir y atraed a Vos a los que resisten a la verdad”.

Se reza el Veni Creator.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, acordándose, por ejemplo, de las Llagas de Jesús:

a) Guardar de una manera más particular durante este mes todas las Reglas del silencio y del recogimiento.

b) Ponerse en la escuela del Sagrado Corazón. Cuando se ha de tomar una resolución decirle: ¿Qué queréis que haga?

c) En la oración y las ocupaciones verle, por la fe, diciéndonos: “Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”.

d) Procurar acordarse interiormente de las lecciones recibidas y ponerlas en práctica en orden a nuestra perfección.

Oficio VI · De 9 a 12 de la mañana · las Virtudes
La Víctima

Fin especial: Ofrecerse como Víctima a Jesús en unión con su Corazón Sagrado para que sus divinos designios de aplacar la Justicia Divina se cumplan. Ofrecerle nuestro corazón para que haga reposar en él su amor que sufre.

Promesa particular: A los que cumplen el Oficio de Víctima por él: Que no teman, Él será su fuerza.

Virtud especial: Abnegación sumisa y resignada.

Máxima: Cuando el que sacrifica una Víctima es el amor divino, por muy dolorosos que sean los golpes, parecen suaves.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Oh Señor Jesucristo, por medio del Inmaculado Corazón de María, y asociado al Coro de las Virtudes, ofrezco a Vuestro Divino Corazón todas mis oraciones, actividades y sufrimientos de este mes, unido a las intenciones por las que Vos os inmoláis en los Altares. Os los ofrezco en particular uniéndome a vuestro estado de Víctima en la Santa Misa y en el Santísimo Sacramento, deseoso de participar en vuestra inmolación, con vuestra ayuda, en reparación de los pecados del mundo y para aplacar la cólera divina indignada contra los pecadores y obtener misericordia”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (desde las 9 hasta las 12 de la mañana). A las nueve, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento:

“Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María, y a los espíritus celestiales del Coro de las Virtudes, para suplir mi insuficiencia, os adoro durante todo el día, pero más particularmente durante estas tres horas, y me ofrezco a vuestro Corazón Divino para participar en vuestro estado de Víctima en la Santa Misa y en el Santísimo Sacramento del Altar.

“Oh Padre Eterno, puesto que os habéis dignado elegirme por Víctima, recibid con benevolencia mi sacrificio en unión con el de vuestro Hijo adorable. Así sea”.

Jaculatoria (por ella se pueden renovar los actos de adoración en espíritu más brevemente): “Corazón de Jesús, Víctima de amor, haced que yo sea por Vos una hostia viva, santa y agradable a Dios” (50 días de indulgencia para los religiosos que por esta fórmula renueven sus votos. San Pío X, 1907).

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“Corazón Divino de Jesús, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y al Coro de las Virtudes, adoro, prosternado en espíritu, la Justicia divina, llena de santa indignación contra la desgraciada humanidad estúpidamente levantada contra vuestra Majestad, su santa Ley y su Iglesia. Deseo unirme a los sentimientos de ardiente caridad y de profunda sumisión de vuestro Corazón hacia vuestro Padre Eterno, y le suplico con las más afectuosas instancias quiera aplacarse por vuestros méritos infinitos y use de misericordia con el mundo entero”.

Acto de Reparación (que debería añadirse si hubiese tiempo): “Postrado a vuestros pies y ansioso de probaros mi amor, oh Corazón de Jesús traspasado de dolor a causa de nuestros pecados, os consagro mi cuerpo y mi alma, todos mis pensamientos, deseos, intenciones, palabras y acciones; os ofrezco todos los latidos de mi corazón, durante mi vida y en la hora de la muerte, que acepto de manos de vuestro Padre en espíritu de inmolación, con todas sus angustias, penas y dolores. Deseo por ello haceros un acto de desagravio, para reparar todas nuestras tibiezas e ingratitudes, para daros satisfacción de todas nuestras ofensas, sobre todo de las que más han herido el amor que nos habéis mostrado instituyendo la Santa Misa y permaneciendo día y noche en el Santísimo Sacramento; para reparar en fin todos los males o escándalos por los cuales yo o el prójimo hayamos podido causar detrimento a la creencia de vuestra Presencia real, impedir la reverencia debida a vuestra Majestad Eucarística y disminuir la confianza en vuestro amor misericordioso.

“Oh Jesús Hijo de Dios, haced por vuestro Corazón, «en el que el Padre ha puesto sus complacencias», que yo pueda cooperar, a costa de todo, a haceros conocer, amar y glorificar en el tiempo y por toda la eternidad. Así sea”.

Nota: Que los Sacerdotes cuando celebren la Misa y todos, en la santa comunión, renueven esta unión al Corazón de Jesús en espíritu de inmolación.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, acordándose, por ejemplo, de las cinco Llagas de Jesucristo, hacer algunos de los actos que se ponen a continuación:

a) Unirse espiritualmente a Jesucristo en espíritu de Víctima, ofreciéndose a cada instante del día y de la noche como Víctima expiatoria y propiciatoria.

b) Aceptar ser tratado como Nuestro Señor lo fue, sobre todo en el Calvario y en el Santísimo Sacramento.

c) Dar gracias humildemente a Dios por nuestras penas y sufrimientos, acordándonos de las palabras de Jesús en su Agonía, o aquéllas del Salmo: “¡Fiat! ¡Fiat!… Amén”.

d) Hacer actos de mortificación ya sea exteriores, ya sea sobre todo interiores.

Oficio VII · Durante todo el día · los Arcángeles
El Esclavo

Fin especial: Honrar el anonadamiento del Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento, trabajando con fervor en su servicio en calidad de servidor fiel, “servus Christi” (I Cor. 7, 22). Poner toda nuestra gloria y nuestra dicha en llevar las cadenas del tierno y generoso amor que tienen al Redentor cautivo en las Sagradas Hostias.

Promesa particular: Jesús recompensará vuestras acciones en su servicio, en la medida de vuestro amor.

Virtud especial: Esforzarse en obedecer a los preceptos y consejos de Jesucristo y a las divinas inspiraciones con la mayor prontitud y fidelidad.

Máxima: Servir al Corazón de Jesús es reinar. Vivir en él, es un paraíso de dulzura. Morir en Él, es el deseo de las almas fieles y amantes. “Jugum meum suave est et onus meum leve” (Mi yugo es suave y mi carga ligera).

Nota: Acordarse particularmente de los hombres, de los dirigentes de las naciones y de los estados, que se han rebelado diabólicamente contra el Divino Maestro.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Oh Jesús, nuestro Rey y Maestro Divino. Por el Corazón de vuestra Esclava Inmaculada y unido a los espíritus celestiales del Coro de los fieles Arcángeles, ofrezco a vuestro Corazón «hecho obediente hasta la muerte», todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis continuamente en los Altares. Os los ofrezco más particularmente para que os dignéis hacer comprender a los hombres el amor que os ha inducido a convertiros en su verdadero esclavo, obedeciendo hasta la muerte por ellos, y quedando en una incomprensible sumisión a los hombres en el Santísimo Sacramento.

“Venced, dulce Jesús, por el atractivo de vuestra humildad eucarística, la resistencia del mundo orgulloso para serviros”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (a cada hora del día). La primera vez por la mañana, enseguida de levantarse, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento:

“Oh Corazón de mi Maestro Jesús, os adoro en las Sagradas Hostias, unido al Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de los Arcángeles, para suplir mi insuficiencia; y renuevo con todo mi corazón mi esclavitud de amor hacia Vos y mi voluntad de serviros fielmente hasta la muerte. ¡Serviros es reinar!”

Jaculatoria: “Oh Señor, yo soy vuestro esclavo” o también: “Enseñadme a hacer vuestra Santa Voluntad porque Vos sois mi Dios”.

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y de profunda y sumisa adoración a Jesús en las Sagradas Hostias del Sagrario le dirás humildemente:

“Oh Corazón Divino de Jesús, que habiendo tomado la condición de esclavo, hecho como el último de todos habéis venido a este mundo para servir y no hacer más que la voluntad de Vuestro Padre, unido al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen y a los espíritus celestiales del Coro de los Arcángeles, os adoro aquí presente y os suplico que me concedáis la gracia de que yo también sepa emplearme sin reserva, en vuestro servicio. Admirado profundamente de veros sometido en este Sacramento, al arbitrio de los hombres, de una manera tan sorprendente, os ruego que aceptéis todos mis actos de sumisión de este día, para que al menos, vuestra servidumbre eucarística llegue a producir en el mundo sus efectos saludables.

“Padre Celestial, haced que vuestro Hijo Encarnado sea en este Sacramento mejor honrado, más frecuentemente recibido y ofrecido en sacrificio con mayor fe y amor. Permitidme todavía que os pida la gracia de cumplir fielmente la virtud del Oficio y de guardar la adoración en espíritu”.

Ofrenda total: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos Señor lo torno; todo es vuestro, disponed de todo según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta”.

4. Práctica de la virtud particular. Al menos cinco veces por día, en honor de las cinco Llagas, hacer algunos de los actos siguientes:

a) Actos de particular sumisión a los representantes de Dios.

b) Ejercitarse en la fidelidad en las cosas más pequeñas.

c) Ser fiel y estar atento a las inspiraciones divinas.

d) Ofrecerse a los hermanos con algunos humildes servicios.

Oficio VIII · Durante todo el día · los Ángeles
El Suplicante

Fin especial: Rogar, suplicar continuamente en unión del Corazón de Jesús y por sus méritos infinitos, al Padre Eterno para obtener misericordia para los pobres pecadores. Pedir que sus pecados no colmen la medida, y que se conviertan. Acordarse particularmente de los que se encuentran en algún grave peligro espiritual o corporal, sobre todo de los que están a punto de morir; y también de las almas del Purgatorio.

Promesa particular: “Todo lo que pidáis a mi Padre en mi nombre, os lo concederá. Pedid y recibiréis”.

Virtud especial: Perseverar en la oración. Orar constantemente, con todo el corazón.

Máxima: Este Corazón adorable ha sido abierto para todos. Entremos en él con toda confianza como en el santuario de la Divinidad, presentando nuestras oraciones en unión con las de Jesucristo, y ellas no podrán menos de ser recibidas con toda bondad.

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Adorable Jesús, por el Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de los Ángeles, y en particular a los Ángeles de la Guarda, os ofrezco las oraciones, las obras y los sufrimientos de este mes, en reparación de todas nuestras ofensas y por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre el Altar. Los ofrezco en particular al Padre Eterno, suplicándole se digne derramar las inmensas gracias de vuestro Divino Corazón sobre todos nosotros, sobre todos los que se encuentran en algún grave peligro espiritual o temporal y especialmente sobre los moribundos y las almas del Purgatorio”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (todas las horas del día). A la primera hora del día transportándose delante del Santísimo Sacramento se dirá:

“Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de los Ángeles, especialmente a los Ángeles de la Guarda para suplir mi insuficiencia, os adoro durante todo el día y os ofrezco las oraciones, los trabajos y los sufrimientos de hoy, uniéndolos a los méritos infinitos de vuestro Sagrado Corazón, en reparación de todas nuestras ofensas y por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre el Altar. Suplico a vuestra misericordia que quiera derramar abundantes gracias sobre la Santa Iglesia, sobre nuestra Institución, sobre los ejercitantes. Os pido particularmente por todos los que se encuentran en algún grave peligro espiritual o temporal, por los agonizantes, por los que han de morir sin agonía y por las almas del Purgatorio”.

Jaculatoria: “Corazón Sagrado de Jesús, tened piedad de nosotros” (500 días indulgencia; plenaria al mes).

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y de profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario, se dirá:

“Divino Corazón de Jesús, os adoro con todo el afecto de mi alma por el Corazón Inmaculado de María. Por su intercesión y unido al Coro de los Ángeles, especialmente de los Ángeles de la Guarda, suplico a vuestro Sagrado Corazón que derrame abundantes gracias sobre nosotros para nuestra santificación, sobre los que se encuentran en algún grave peligro espiritual o corporal y sobre los que están a punto de morir. Os suplico, en fin, que os dignéis librar a las almas del Purgatorio. Como prenda de su rescate os ofrezco vuestras santas Llagas por el Corazón Inmaculado de María.

“Oh Corazón dulcísimo, dignaos concedernos igualmente la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del Oficio”.

Oración (que se puede añadir si hay tiempo): “Padre Santo, os ofrezco todas y cada una de las Misas celebradas o que se van a celebrar hoy en toda la Iglesia, a fin de que por la Sangre de Jesús, vuestro Hijo, y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, transida de dolor al pie de la Cruz, os dignéis conceder a los justos el gran don de la perseverancia, a los pecadores la gracia de una perfecta conversión, y a todos los fieles de Cristo, sobre todo a mí y a mis hermanos, en el momento de la muerte la recepción del Santo Viático, la santa unción y una muerte preciosa a vuestros ojos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea”.

4. Práctica de la virtud particular:

a) Cinco veces, en honor de las cinco Llagas, decir con gran humildad: “Oh divino Corazón, por la Llaga de… concedednos a todos el espíritu de fervor y la perseverancia final”.

b) Rogar por los 160.000 que mueren y comparecen cada día ante Dios. “Oh Dios mío, yo os ofrezco todas las Misas que se celebran hoy en el mundo entero por los pecadores que están en agonía o que deben morir hoy. Que la sangre preciosa de Jesucristo Redentor les obtenga misericordia”.

c) Permanecer constante y confiado en nuestro oficio de Suplicante aún en medio de las sequedades.

d) Ofrecer, por María, las Santas Llagas de Nuestro Señor, por la conversión de los pecadores, por las tandas de Ejercicios, por los antiguos Ejercitantes, etc…

Oficio IX · Durante todo el día · los Principados
El Celador

Fin especial: Procurar por todos los medios posibles la gloria del Sagrado Corazón de Jesús, velando atentamente por la salvación y perfección del prójimo, especialmente de los propios hermanos. Pensar en las misiones, sobre todo las de Asia y las de África.

Promesa particular: “Nuestro Señor reserva a los que hacen este Oficio incalculables tesoros de gracia y nos asegura que su nombre será grabado para siempre en su Corazón” (Santa Margarita María).

Virtud especial: Aprovechar con celo y con una discreta prudencia todas las ocasiones para impedir cualquier ultraje al Sagrado Corazón, extender el amor de este Corazón adorable y aumentar el número de sus adoradores con el ejemplo y con la palabra.

Máxima: El Corazón de Jesús desea que le imitemos en este celo ardiente en que está abrasado para gloria de su Padre. “Donde no hay celo no hay amor” (San Agustín).

Práctica del Oficio

1. (Primer viernes de mes). Ofrecimiento de la práctica del Oficio para todo el mes:

“Adorable Jesús, por el Corazón Inmaculado de María y asociado a los nueve Coros Angélicos y especialmente al Coro de los Principados, os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares. Os los ofrezco en particular para que el Corazón de Jesús sea conocido y adorado en toda la tierra, y alabado y glorificado por mis hermanos y compañeros”.

2. (Todos los días). Adoración en espíritu (a todas las horas). La primera vez de cinco a seis de la mañana, transportándose en espíritu ante el Santísimo Sacramento, se dirá:

“Divino Corazón de Jesús, os adoro en el Santísimo Sacramento durante todo el día, por el Corazón Inmaculado de María y en unión de los nueve Coros de Ángeles y especialmente el de los Principados, para suplir mi insuficiencia y ofreceros un culto de amor ardiente e inflamado”.

Jaculatoria: “Corazón tres veces santo, dignaos consumir nuestras faltas con el fuego de vuestro santo amor”.

3. Visita al Santísimo Sacramento. Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

“Divino Corazón de Jesús, os adoro con toda mi alma por el Corazón Inmaculado de María. Por su intercesión y unido a los nueve Coros de los Ángeles, especialmente al Coro de los Principados, os pido con instancias que vuestro Corazón sea conocido en toda la tierra, que los idólatras y los infieles que no os conocen, y que todos los cristianos que no viven en conformidad con su Fe, sean atraídos por vuestro amor.

“Dignaos concedernos la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del Oficio” (recordarla y decir nueve veces el “Gloria Patri” en honor de los nueve Coros de los Ángeles, para obtener el reinado del Corazón de Jesús).

4. Práctica de la virtud particular:

a) Ingeniarse para impedir las ofensas a Dios entre los que nos rodean.

b) Ofrecer las Santas Llagas de Nuestro Señor por la conversión de los pecadores.

c) Procurar enfervorizar las almas cristianas, especialmente las de nuestros hermanos, comunicándoles la llama del verdadero celo.

d) Dirigir peticiones al Sagrado Corazón para que impida las ofensas hacia Él y hacia su amor.

e) Rogar para que aumente, por nuestros ejemplos y palabras, el número de sus verdaderos adoradores.

Transcripción leída una por una sobre las treinta fotografías del ejemplar. Se conserva la ortografía y la puntuación del librito; solo se rehicieron los cortes de palabra al final de renglón. Las antiguas indicaciones sobre indulgencias se reproducen como documento histórico; para la disciplina vigente corresponde consultar fuentes actuales de la Iglesia. La devoción se atribuye a revelaciones privadas a Santa Margarita María de Alacoque: la Iglesia las aprueba como piedad popular, y creerlas no es de fe.

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